En los últimos meses, la inteligencia artificial ha pasado de ser una promesa a convertirse en una realidad presente en casi cualquier ámbito. Pero en medio de tanto ruido, a menudo se pierde una idea esencial: la inteligencia artificial no es un objetivo en sí mismo, sino una herramienta.
En Sant Jordi, en DeMomentSomTres hemos querido trabajar esta idea desde un enfoque sencillo, casi lúdico, pero con una base conceptual clara. Lo hemos hecho recuperando y mejorando a nuestro generador de haikus: una herramienta basada en inteligencia artificial que construye poemas a partir de las aportaciones del usuario.
El resultado no es sólo un juego creativo. Es un caso práctico de inteligencia artificial aplicada pero también de experiencia de usuario.
Un generador de haikus como caso de uso de inteligencia artificial
El funcionamiento de la herramienta es simple: el usuario introduce unas líneas de texto y el sistema, mediante un modelo de inteligencia artificial, genera un haiku.
Este tipo de experiencia tiene dos relevantes virtudes. Por un lado, hace tangible una tecnología que a menudo se percibe como abstracta. Por otro lado, pone en evidencia su capacidad de generar contenido de forma inmediata y personalizada.
Aquí es donde entra en juego la UX (experiencia de usuario). El valor no está sólo en el algoritmo, sino en cómo el usuario interactúa con la herramienta: simplicidad, inmediatez y retorno claro. Sin una buena experiencia de usuario, la tecnología pierde gran parte de su potencial.
Pero más allá de la tecnología lo que nos interesaba era el contexto de uso.
Conectar el mundo digital con la realidad física
La herramienta no se quedaba en la generación del haiku. Formaba parte de una iniciativa en Instagram con una dinámica concreta: los participantes debían compartir su haiku y etiquetar una librería local de confianza.
Con este gesto, entraban en un sorteo de 50 € para gastar en esa misma librería.
Este planteamiento responde a una lógica clara: utilizar una experiencia digital para activar una acción en el mundo real. No sólo generar interacción, sino generar impacto.
La inteligencia artificial, en ese caso, actuaba como catalizador de una acción que iba más allá de la pantalla.
La importancia de la UX en proyectos de inteligencia artificial
Cuando se habla de inteligencia artificial aplicada, a menudo el foco se pone en la tecnología. Pero en muchos casos el factor diferencial es la UX.
Una herramienta puede ser técnicamente muy potente, pero si no es comprensible, usable y relevante para el usuario, simplemente no se utiliza.
En el caso del generador de haikus, la experiencia de usuario es lo que permite que la tecnología sea accesible: una interacción corta, una respuesta inmediata y un resultado fácilmente compartido.
Este mismo criterio es el que aplicamos en proyectos de empresa, donde la UX es clave para garantizar la adopción de cualquier solución basada en inteligencia artificial.
La inteligencia artificial como herramienta, no como fin
Existe una tendencia creciente a incorporar inteligencia artificial en proyectos simplemente por su novedad o por su potencial mediático. Pero esto suele generar soluciones desconectadas de los objetivos reales.
El valor aparece cuando la tecnología se alinea con una finalidad concreta:
– mejorar procesos
– optimizar tiempo
– generar nuevas formas de relación con clientes o usuarios
– activar acciones con impacto medible
El generador de haikus es un pequeño ejemplo, pero ilustrativo. No es la complejidad tecnológica lo que le hace relevante, sino su capacidad de encajar dentro de una acción con sentido.
¿Qué significa realmente aplicar la inteligencia artificial a una empresa
Cuando hablamos de inteligencia artificial aplicada a nivel empresarial, no hablamos de tecnología en abstracto. Hablemos de decisiones.
Hablamos de identificar dónde tiene sentido introducirla, con qué objetivo y con qué impacto esperado.
Esto implica entender procesos internos, puntos de fricción, oportunidades de mejora y espacios en los que la tecnología puede aportar valor real. No siempre se trata de grandes transformaciones. A menudo son pequeñas intervenciones que generan mejoras significativas.
En este punto, tiene todo el sentido profundizar en cómo trabajamos este tipo de proyectos dentro de nuestros servicios de estrategia digital y tecnología.
En este sentido, el reto no es tanto tecnológico como estratégico.
Del experimento a la metodología
El caso del generador de haikus no deja de ser un experimento. Pero lo que hay detrás es una forma de trabajar.
Una forma de entender la tecnología como una herramienta al servicio de un objetivo. De conectar el digital con el tangible. De plantear acciones que no se queden en la interacción, sino que tengan recorrido.
Ésta es la misma lógica que aplicamos en proyectos con empresas: no empezar por la tecnología, sino por el problema u oportunidad.
Conclusión
La inteligencia artificial no transforma por sí sola. Lo que transforma es cómo se utiliza.
El generador de haikus es una pequeña pieza dentro de un marco más amplio, pero nos sirve para explicar una idea que consideramos fundamental: la tecnología sólo tiene sentido cuando genera impacto real.
Y ese impacto, en el ámbito empresarial, siempre está vinculado a objetivos concretos.
